Orden del Servicio:
2.Descubrimiento del Emblema
3.Saludo Rosacruz
4.Lectura del Servicio
EL TABERNACULO EN EL DESIERTO
El Tabernáculo en el Desierto fue la Escuela de Misterios de los Atlantes, el símbolo místico que precedió a la Rosa Cruz, y si comprendemos lo que aquél significa podremos aplicar mejor a nuestras propias vidas las enseñanzas modernas. Por esa misma razón las enseñanzas antiguas contendidas en el Antiguo Testamento han sido conservadas y unidas con las nuevas enseñanzas dadas en los Evangelios.
En la religión antigua habían tres clases que asistían a los servicios del Templo:
También en la escuela moderna de Misterios de los Rosacruces encontramos tres clases:
1.Los Estudiantes, quienes han despertado para darse cuenta de su responsabilidad espiritual y están haciendo esfuerzos para llegar a la vida superior por medio del estudio.
2.Los Probacionistas, quienes han asumido una obligación definida para con ellos mismos, mediante la cual el yo personal está de acuerdo en amar, reverenciar y obedecer al más elevado Yo, dedicándose a una vida de servicio como medio de allegarse al Velo y lograr la verificación consciente del Dios Interno.
3.Los Discípulos, quienes han persistido y mostrado su devoción en tal forma que se les considera aptos para trabajar dignamente en el campo mayor, y por lo tanto se les está preparando con el fin de que pasen al otro lado del Velo lo más pronto posible, dentro de su desarrollo, en consonancia con su propia seguridad.
“Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió no le trajere,» dijo Cristo, y la multitud de los antiguos Atlantes que fue atraída al Altar de Bronce para ofrecer sacrificios por sus pecados, debió haberlo sido en alguna forma divina.
Consideremos ahora por un momento que no era un fuego común el que ardía sobre aquel Altar y que poco después de que el Tabernáculo fue edificado de acuerdo con el diseño y el mandato divino dados en la montaña, una luz divina y un fuego celestial bajaron milagrosamente sobre el Altar y consumieron allí la carne. No veamos el lado material sino consideremos el aspecto espiritual. Este fuego milagroso que incinera la carne, que no lo enciende el hombre y es de origen divino. ¿qué es? ¿Hay en nuestras propias vidas un fuego que esté consumiendo la carne, que esté sacrificándola en beneficio del espíritu?
En el antiguo Tabernáculo el Sendero del Logro conducía del este al oeste, comenzando desde el Altar de los Holocaustos. Hoy también el Albañil Místico se encuentra con la faz vuelta hacia el oeste, más debe hacer de sí mismo un sacrificio viviente en el Templo, pues el fuego que arde dentro de sí es la conciencia, ese fuego divino que nos dice si hemos obrado bien o mal, que nos llama a cuentas por nuestros errores, que es mucho más severo que las leyes de la Tierra. Todas las noches, durante la Retrospección, estamos ante ese Altar, y nos juzgamos de acuerdo con los hechos efectuados con el cuerpo. Es entonces cuando somos humillados por la conciencia de acuerdo con la forma en que nos hayamos portado durante el día, allí ofrendamos nuestros cuerpos como sacrificio viviente durante las veinticuatro horas siguientes, esto es, si sabemos cumplir fielmente con nuestra Obligación.
La virtud del Altar de Bronce puede, por consiguiente, resumirse en una palabra, a saber: justificación y éste es el primer paso sobre el Sendero del Logro mas no es suficiente el estar justificado. El joven rico aseveraba que había cumplido con la Ley, pero no estuvo dispuesto a seguir al Maestro, el Cristo. Desgraciadamente muchos se contentan con sólo escapar de la condenación, pero son demasiado indiferentes para que se les estimule con palabras de encomio tales como las que el Señor pronunció: “Bien hecho, fiel buen sirviente.” También resultan ser demasiado indolentes para dar el segundo paso, a saber: la “consagración” a una vida de SERVICIO.
Así como Cristo entró en sus tres años de ministerio a través de las aguas las bautismales, así el aspirante al Servicio en el antiguo Templo debía santificarse en la sagrada corriente que fluía del Mar de Fundición. Hoy día, el Albañil Místico debe esforzarse por edificar un Templo sin ruido de martillo y servir en él; también debe consagrarse y santificarse; debe estar dispuesto a deshacerse de todas sus posesiones terrenales aunque las retenga como un depósito sagrado para hacer el bien con ellas, y debe estar listo en todo para obedecer la voz del Cristo Interno cuando diga: “SIGUEME”, aun cuando la sombra de la Cruz aparezca al final. Así pues, el antiguo Altar de los Holocaustos y la Fuente de la Purificación eran simbólicos del Purgatorio y de la depuración que el alma lleva a cabo allí; asimismo eran simbólicos de la forma más científica en que el Discípulo de las Enseñanzas de los Misterios Occidentales lleva a efecto la purificación por medio de la Retrospección.
Una vez que el aspirante haya ascendido los dos primeros peldaños del Sendero, el tercero lo conducirá dentro del Templo Místico y a la Sala Oriental que puede denominarse “el Salón del Servicio”. Este contiene toda la utilería para el crecimiento anímico, aunque sólo consta de tres principales artículos, a saber: el Candelabro de Siete Brazos que está colocado cerca de la pared Sur, quedando a la izquierda del que entra; la Mesa del Pan de la Proposición, a la derecha, y el Altar del Incienso que está colocado justamente al frente de la entrada y ante el Velo que divide a la Sala Oriental del Tabernáculo, de la Sala Occidental, denominándose la primera “Lugar Santo” y, la segunda, “Santo de los Santos.” En aquel lugar el Albañil Místico aprende la lección de Servicio.
La mesa del Pan de la Proposición contiene doce panes, apilados en dos montones de seis panes cada uno. El grano con que fueron hechos lo suministró Dios, pero había sido cuidado y cultivado por el hombre, quien lo había trillado, molido y cocido para llevarlo al Templo como una ofrenda para el Señor. Estos granos de trigo suministrados por Dios constituyen las oportunidades para el crecimiento anímico que Él nos da a través de los doce departamentos de la vida representados por las doce casas de nuestro horóscopo, bajo el dominio de las doce Jerarquías Divinas conocidas a través de los Signos Zodiacales. Es la tarea del Albañil Místico aprovechar estas oportunidades para cultivarlas y convertirlas en ese “pan de vida” que nutre y alimenta el alma.
Consideremos ahora el Sendero de la Iniciación tal como se enseñaba simbólicamente en los antiguos Templos, con el Arca, el Fuego, y el Shekinah, y en el último Templo donde Cristo enseñó.
Observemos primero que cuando el género humano fue expulsado del Jardín del Edén por haber comido el fruto del árbol del conocimiento, los Querubines guardaban la entrada con una espada flamígera. La ignorante indulgencia en el acto procreador fue el pecado cometido contra la ley natural, lo cual trajo la muerte y el dolor al mundo, nos apartó de nuestros primeros guardianes y nos forzó a vagar por edades en el desierto del mundo. En el pórtico del Templo Místico de Salomón encontramos de nuevo los Querubines, quienes no tenían ya en sus manos la quemante espada, y en su lugar sostenían una flor, que es un símbolo lleno de significado místico. Comparemos ahora al hombre con la flor para que podamos conocer la gran importancia y significación de este emblema. El hombre toma su alimento por la vía de la cabeza, de donde va hacia abajo; la planta toma su alimento a través de sus raíces y lo impulsa hacia arriba. La planta no conoce la pasión; la fecundación se efectúa en la forma más pura y casta imaginable; por lo tanto, proyecta su órgano generador, la flor, hacia el Sol, siendo una cosa hermosa que deleita a todos los que la contemplan. Este es el misterio del Cáliz del Grial, y el significado emblemático de la Copa de la Comunión, significando ambos nombres el pericarpio de la flor. Esta Copa de la Comunión, con su sangre mística purificada de la pasión inherente a la generación, trae al que la bebe en verdad, la vida eterna, y por lo tanto se convierte en el vehículo de la regeneración, trayendo un Nacimiento en una esfera más elevada, «un país extranjero,» donde el que ha cumplido su aprendizaje en «edificar templos» y dominado «las artes y los oficios» de este mundo, puede aprender cosas más elevadas. El símbolo del Querubín con la flor abierta colocado sobre la puerta del Templo, daba al aspirante el mensaje de que la pureza es la única llave con la cual es posible abrir la puerta que conduce hacia Dios, o como Cristo lo expresó: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.»
La carne debe consumirse sobre el altar del sacrificio de sí mismo, y el alma debe lavarse en la fuente de la consagración a la vida más elevada, antes de que el aspirante pueda acercarse a la puerta del Templo. Cuando de este modo, pobre, desnudo y ciego por las lágrimas de contrición, ande a tientas buscando la puerta del Templo, la encontrará. Entonces puede llamar, y la puerta se le abrirá con seguridad y cuando pida «luz» y «ropa,» el guardián no pondrá oídos sordos, sino que lo conducirá hacia la Sala Este del Templo, que está iluminada con la luz del Candelabro de Siete Brazos, emblemático de la luminosidad máxima de la Luna, la cual cambia en ciclos de siete días. En esta Sala de Servicio se le enseña a tejer la vestimenta luminosa de flama, a la cual San Pablo llama «Soma Psuchicon» o Cuerpo del Alma, (I Corintios, 15:44) del aroma del Pan de la Proposición.
Cuando llegamos al punto en donde tenemos que entrar a la segunda sala o parte occidental del Tabernáculo, que se encuentra detrás del Velo que la separa de la Sala Oriental iluminada, o el «Salón del Servicio,» nos hallamos en condiciones enteramente diferentes. Este aposento del Oeste está obscuro, tan obscuro como los cielos cuando la Luna está en el cielo occidental con el Sol, a su vez, en el poniente. En este mismo hecho estriba el punto más importante para la meditación. Cuando el candidato entra por la puerta Este del Templo buscando la Luz, se encuentra con una llama de fuego sobre el Altar de los Holocaustos, pero conforme avanza sobre el sendero y se aproxima al otro extremo del Tabernáculo, encuentra la obscuridad. Si él no ha crecido anímicamente desde que entró por el Este, le es absolutamente imposible entrar en la Sala Oeste, pues cuando estaba en el Este permanecía en las condiciones de obscuridad espiritual del hombre ordinario, careciendo de la luz interior y era por consiguiente necesario darle la Luz desde afuera. Mas cuando llega a ese grado de elevación que está simbolizado por la Sala Occidental obscura, se supone que ha desarrollado el luminoso Cuerpo del Alma mediante el servicio a la humanidad y así se considera que ya tiene luz dentro de sí mismo, la luz que ilumina a cada hombre. A menos que el adquiera esta luz, no podrá penetrar en la Sala Oeste del Templo. Esta luz interior es el Cuerpo del Alma, el áureo vestido de bodas usado por la desposada en el matrimonio místico o unión con Dios.
Cuando el candidato ha entrado a la Sala Oeste del Templo, puede ver por qué tiene la luz en su interior. Esto es simbolizado por el Arca de la Alianza que está en el extremo occidental de esta Sala, y sobre ella hay una lumbre invisible, una “verdadera luz» que es la Divinidad, la meta de los anhelos del candidato, la Gloria del “Shekinah» de la que hablaban los judíos. Notaremos, si hemos leído la historia sagrada, que esto no está explicado en ningún libro, pero esta luz y fuego invisibles que resplandecían sobre el Propiciatorio, y la voz que hablaba a aquellos que entraban en sus sagrados recintos, era la presencia real de Dios manifestado entre los hombres. Mas aún, esa luz resplandece hoy como siempre en el Altar Místico, y así como la Luna recoge la Luz del Sol durante su camino de la “Nueva» al plenilunio, asimismo el hombre que se encuentra en el Sendero de la Santidad recoge del uso de sus preciosas oportunidades de servicio inegoísta el material con qué hacer su vestido de bodas, y este material se amalgama mejor en las noches de plenilunio. Y a la inversa, conforme la Luna disminuye gradualmente su luz y se aproxima más al Sol para entrar en un nuevo ciclo en el período de la Luna Nueva, así también aquellos que han recogido sus tesoros y los han guardado en los cielos, están en cierta época de la Luna más cerca de su Origen y de su Hacedor en las más altas esferas que en ningún otro tiempo. Esto está de acuerdo con la ley de la analogía, que así como los salvadores del mundo nacen en el Solsticio de Invierno en la noche más larga y obscura del año, así también los Auxiliares Invisibles nacen más fácilmente en la noche más larga y obscura del mes, a saber, la noche de la Luna Nueva.
La torre de una iglesia es muy ancha en su base, pero se estrecha gradualmente más y más hasta que en la cúspide es solo una punta con la cruz encima. Así sucede en el Sendero de la Santidad. Al comienzo hay muchas cosas que podemos permitirnos, más conforme avanzamos, una tras otra de estas desviaciones deben ser suprimidas, y debemos dedicamos más y más al SERVICIO de santidad. Al final llega un punto en donde el sendero es tan estrecho como el filo de una navaja de afeitar, y entonces sólo podremos asirnos de la Cruz; pero cuando hemos alcanzado éste, el más angosto de todos los caminos, también estamos capacitados para seguir a Cristo en el más allá y servir allá como hemos servido aquí.
5.Concentración.
6.El organista toca el Himno de Clausura.
7.Admonición de partida
Ahora vayamos a nuestras propias habitaciones hablando únicamente lo que pueda ser necesario y meditemos allí sobre estas cosas, consagrando nuestras vidas de nuevo y pidiendo la ayuda de los Hermanos Mayores para poder llegar a ser Auxiliares Invisibles conscientes.