SERVICIO DE NOCHEBUENA
– Música. La congregación canta la tercera estrofa del Himno Rosacruz de apertura.
– El lector descubre el Emblema y pronuncia el saludo Rosacruz: “Mis queridos hermanas y hermanos, “Que las rosas florezcan sobre vuestra Cruz”. (Los asistentes responden: “Y sobre la vuestra también”)
Una vez más, en el transcurso del año, nos reunimos para celebrar la Noche de Navidad, el acontecimiento más importante para toda la humanidad.
Para solemnizar esta noche memorable, leamos en la Sagrada Biblia que nos fue dada por los Ángeles del Destino, los capítulos primero de San Lucas y segundo de San Mateo, en los que se relatan la Anunciación y el Nacimiento.
“El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS.
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Respondiendo, el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta. Y tú, Belén; de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de tí saldrá un guiador que apacentará a mi pueblo Israel.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.” Las enseñanzas de los Hermanos de La Rosa Cruz nos enseñan que los solsticios de verano e invierno, juntamente con los equinoccios de primavera y otoño, forman puntos de viraje en la vida del Gran Espíritu de la Tierra, un Rayo del Cristo Cósmico que vino para permitir a la humanidad el reemplazar la ley por el amor. Él tomó los cuerpos vital y denso de Jesús y apareció como un hombre entre los hombres con el fin de demostrar que es únicamente desde adentro cómo es posible conquistar las religiones separatistas de raza y establecer la Fraternidad Universal.
En septiembre ocurre un cambio en la atmósfera terrestre, una luz que empieza a resplandecer en los cielos y penetrar en el universo solar. Gradualmente, esa luz aumenta en intensidad envolviendo totalmente nuestro globo. Luego, penetra la superficie de nuestro planeta y lentamente se concentra en el centro de la Tierra. En la noche santa, cuando el signo zodiacal de la celestial virgen inmaculada está sobre el horizonte oriental, esta luz alcanza su mínimo tamaño y su máximo poder y resplandor. Es entonces cuando ella empieza a irradiar a la Tierra una nueva vida que vivificará las actividades de la naturaleza durante el año entrante. Este es el principio del gran drama cósmico que cada año tiene lugar durante los meses de invierno.
Por lo tanto, la navidad no es solamente la conmemoración del nacimiento de nuestro amado Hermano Mayor, Jesús de Nazaret, sino también el advenimiento del rejuvenecedor influjo de amor y vida enviado por nuestro Padre Celestial para redimir al mundo de la mortal influencia invernal. Sin esta nueva infusión de vida y energía divinas, pronto pereceríamos físicamente y el ordenado progreso en lo que concierne a nuestras líneas de desarrollo presente, sería frustrado.
Es ahora cuando la Tierra se encuentra más cerca del Sol. Los rayos espirituales caen sobre su superficie en ángulo recto en el hemisferio norte, promoviendo la espiritualidad, mientras que las actividades físicas se mantienen en reserva debido al ángulo oblicuo en que los rayos solares penetran la superficie terrestre. Debido a este principio, las actividades físicas decaen y las fuerzas espirituales alcanzan su más alto flujo en la noche del 24 al 25 de diciembre, la cual es la más “sagrada noche” del año.
Sin embargo, no debe olvidarse que el nacimiento de Cristo en la Tierra, representa la muerte de Cristo a la gloria del cielo; cuando nos regocijamos con Su visita anual, Él es de nuevo investido con la pesada carga física, la Tierra, nuestra presente morada que hemos cristalizado. En este cuerpo pesado, Él está aprisionado y ansiosamente espera el día de Su liberación permanente.
¿Cual deberá ser entonces el propósito del devoto e iluminado aspirante que comprende la grandeza del sacrificio de Cristo, la grandeza de esta gracia conferida por Dios a la humanidad en la presente época del año? Él se da a sí mismo y se somete a una muerte virtual para que nosotros podamos vivir. En este tiempo, su maravilloso amor se vierte sobre la Tierra. La aspiración de la persona devota es la de imitar las maravillosas obras de Dios aunque sea en pequeña medida. Aspirará más que nunca a convertirse en el servidor de la Cruz y seguir a Cristo lo más que pueda, sacrificándose a sí mismo por sus hermanas y hermanos, ayudando a la humanidad dentro de su círculo de acción inmediato y apresurando de esa forma Su liberación final. Si trabajamos sinceramente en nuestro medio ambiente, cualquiera que sea, obtendremos un gran crecimiento del alma y todos podrán ver cómo la luz de la navidad, la luz del Cristo recién nacido, brillará en nuestra esfera de acción.
Las vibraciones espirituales son más intensas a la media noche de la Noche Santa. En esta noche, es fácil lograr contacto consciente con el Sol espiritual, y la retrospección y las resoluciones que nos hacemos para el año nuevo se hacen más efectivas.
Unamos nuestros esfuerzos y aspiraciones espirituales y oremos para que el crecimiento del alma, tanto individual como colectivamente, nos traiga un año productivo, desde el punto de vista espiritual. Mis queridos hermanas y hermanos, durante el año próximo esforcémonos por alcanzar una mayor semejanza con Cristo. Vivamos vidas tales que al transcurrir otro año, vislumbremos de nuevo la luz de la navidad y escuchemos las campanas que nos llaman para el servicio de Nochebuena. Así, sentiremos que nuestras vidas han sido fructíferas al servicio de Cristo.
– Ahora, en la NOCHE más SANTA DEL AÑO, concentrémonos en:
“NACIMIENTO ESPIRITUAL A TRAVES DEL SERVICIO A CRISTO”
– La música.Himno Rosacruz de Salida
– El lector cubre el Emblema y lee la admonición de partida. Ahora, retirémonos silenciosamente, hablando solo aquello que pueda ser necesario, meditemos estas cosas, consagremos de nuevo nuestras vidas formulando nuestras resoluciones para un año espiritualmente más productivo, de modo que día a día, tanto individual como colectivamente, podamos ser más dignos y eficientes servidores en la obra bienhechora de nuestros Hermanos Mayores en el servicio de la humanidad.